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martes, 17 de mayo de 2011

RELATO 2 - T_D_S P_T_S


 

AUTOR: LORDSADE


23 de noviembre 2007: sigo teniendo 32 años, y desde hace mucho tiempo, despierto sin saber que ocurre a mí alrededor.

A veces, aun no he despertado y ya estoy dando vueltas por mi mundo, pensando que hoy por fin saldré de él, para poder respirar un poquito de felicidad, para volver a sentir el cariño que tanto anhelo, y para encontrarme de nuevo con las ganas de vivir. Mis sueños son más reales que mi vida. Y entonces despierto, en la misma cama, mirando el mismo techo, y la misma sensación de ahogo al respirar este aire real.

- Buenos días cariño - le digo con ilusión todas las mañanas, pero casi nunca me contesta, se levanta muy despacio, y sin apenas mirarme me da un beso e inicia su día a día, alejándose de mi.

Mi matrimonio es un escudo quebradizo que cada día tiene menos fuerza para sostener el peso de mi alma. Es imposible imaginar como me hace sentir, lo que un día fue la mitad perfecta de mí ser. Odio, amor, palabras encontradas entre si, sentidos opuestos que sin quererlo se precipitan a un fatal encuentro, donde los sentidos y sentimientos pueden acabar... muertos.

Han pasado casi dos horas desde que se fue a trabajar, y lo se porque he contado los segundos desde que se marcho, lo se porque cada vez hace mas ruido el segundero del reloj. Es un ruido amenazante, hueco, sin humanidad, que sin saber porque no puedo dejar de escuchar. Ese "tic" se mete dentro de mi cabeza, descontrola mis nervios, estoy al borde de un Apocalipsis mental. Tengo que encontrar mis analgésicos. En el frasco de la mesita de noche solo queda uno, creo que hay más en la cocina, así que no me queda mas remedio que ponerme en marcha e ir a buscarlos, necesito tomarme dos para que me hagan efecto.

La cocina esta fría, busco en el cajón de las medicinas y solo hay un frasco de omeprazol, unas pocas tiritas, una venda elástica, un poco de algodón, y una botellita de agua oxigenada. Nada de lo que hay me sirve, así que cojo un vaso lo lleno de agua y me tomo mi último paracetamol, luego bajaré a la farmacia a por más.

Tengo hambre, me preparo el desayuno, empiezo a cortar el pan para hacerme unas tostadas con mantequilla, y al ir a la nevera a coger la mantequilla, me doy cuenta de que en la mesa de la cocina hay dos vasos con café con leche a medio terminar.

 - ¿Dos vasos por qué? - me pregunto en voz alta, nunca desayunamos juntos, así que no le veo sentido a que haya dos vasos en vez de uno. Sigo pensando en ello, pero no consigo entenderlo, cuando venga de trabajar me dará una explicación me digo para mi misma, y lo dejo correr, el pan tostado huele tan bien que ahora mismo no puedo pensar en otra cosa que no sea untarlo de mantequilla y saborear hasta la última migaja.

La cabeza me sigue doliendo, la primera pastilla aun no me ha calmado, y sigo escuchando el reloj, tic, tic, tic... no acaba nunca.

Toc, toc, toc.

- Ya voy, ¡un momento por favor! -  Debe ser mi hermana Claudia, había olvidado que hoy es martes, y los martes y viernes toca "desviar miradas" así es como ella lo llama a hacer footing por el parque, en parte tiene razón, los hombres son tan simples, en cuanto nos ven con ropa de deporte, es raro el que no desvía la mirada cuando pasamos por su lado. A ninguna de las dos nos gusta el ambiente de gimnasio, mucho musculito sin cerebro, clases abarrotadas, y sensación de claustrofobia... es mucho mejor correr al aire libre.

- Joder Mália, ¿Aún no estás preparada? - Me dice mi hermana nada más entrar y ponerse cómoda en el sofá.

- Calla petarda, que hoy no me encuentro muy bien.
- Será porque anoche sí que lo pasaste bien.
- No me hables de eso que ya sabes como van las cosas entre Luis y yo.
- Vale, vale... lo siento si he abierto viejas heridas, creí que lo teníais superado.
- No es tan fácil... es... ¿A qué has venido? ¿A cotillear, o a buscarme para ir al parque?
- Mi primera opción siempre será cotillear burra, pero hoy no, he venido para ir al parque.
- Pues venga, me cambio de ropa y nos vamos, ya sabes donde está todo, enseguida salgo.

Dejo a Clau, así es como la llamamos en casa, esperando en el salón mientras me cambio a toda prisa, hoy no me va a hacer falta ni calentar, unos pocos estiramientos y estaré lista, bueno, eso si encuentro mis zapatillas, las dejé junto a las mallas aquí mismo - ¿Dónde las habré metido? - Me pregunto mientras miro debajo de la cama.

- ¡Las Reebok las tienes aquí en el salón! - Me grita mi hermana.

Creo que he hablado en voz alta mientras pensaba, una vez más, y van... Muchas. Voy para el salón, le quito las zapatillas a Clau y me las pongo, ahora si que estoy lista.

- ¿Nos vamos? - Le pregunto como si fuera ella la que esta tardando más de la cuenta.
- venga vámonos, que se nos hace tarde.

Salimos del piso y nos subimos al coche, yo no entiendo de marcas, pero sé que le ha costado mucho dinero, todo piel por dentro, y muy elegante, no sabría describir mejor un coche como el de Clau, solo puedo decir que es el más cómodo en que he ido.

El parque Lednevir, que le debe el nombre a su diseñador paisajístico Roneld Lednevir, es famoso por sus dos lagos de vista superpuesta con una cascada entre ambos que los unifica, además tiene dos puentes colgantes que cruzan de punta a punta los dos lagos, y por su periferia el carril bici recorre todo el parque, también cuenta con muchas rutas para dar largos paseos a pie. No esta lejos de casa, así que llegamos en 15 minutos, casi tantos como los que cuesta encontrar un sitio para aparcar.

Casi siempre hacemos el mismo recorrido, en total unos 6 kilómetros llenos de vida natural en un entorno creado artificialmente, árboles y papeleras en la misma proporción, casi más bancos a la sombra de un árbol, que piedras para que puedan estar al sol las pequeñas lagartijas que por aquí se esconden, y casi tantos pájaros como personas, ambas especies revoloteando de aquí para allá.

Hoy el día está algo nublado, y tengo un mal presentimiento, sigue doliéndome la cabeza aunque ya menos. El aire fresco me ha sentado bien, y el ejercicio ayuda a activar el cuerpo y la mente. Clau apenas me habla mientras corremos, sé que lo deja para más tarde, hoy tiene esa expresión nerviosa que tanto le afea la cara y que indica que algo va mal. Ya casi estamos al final del recorrido, se ve desde aquí la puerta de entrada al recinto. Clau se para y se apoya en el borde de una valla que delimita el lago, no dice nada, sólo me mira, me mira a los ojos, en los suyos asoman dos gotas de sufrimiento, que caen abriendo camino a un río en llamas de lágrimas que yo no sé como sofocar.

- Sabes que pase lo que pase estoy a tu lado ¿Verdad? Puedes contarme lo que te pasa sin miedo. - Le digo mientras me acerco para abrazarla y darle todo mi cariño.

Ella me abraza más fuerte aun, y empieza a pedirme disculpas entre sollozos, me dice que no esta de acuerdo, que nada de todo esto que me hacen tendría que haber pasado, que se arrepiente de ser partícipe de este engaño.

- ¡Dios mío Clau!  Me estas asustando ¿Que ha pasado? ¿Que es lo que me están haciendo? ¿De qué engaño me hablas? - Le digo mientras mi hermana poco a poco se va calmando, y yo cada vez más asustada y nerviosa empiezo a temblar.

- Mália cariño, no debería hablarte de ello, para mi es muy doloroso, tanto decírtelo como que no lo sepas, creo que es algo que tendría que haber hablado contigo hace mucho tiempo, algo muy importante, y no se como contártelo, ni como te va afectar. Eso es lo que más me preocupa, la manera en que pueda afectarte. Y lo más triste de todo es, que ni siquiera me vas a creer.

- ¡Claudia! ¿No te das cuenta de que la ansiedad me está matando? ¿Que con cada una de tus excusas haces que me sienta peor? ¡No puedes dejarme así! Acaba lo que has empezado... Por favor. – Ella me mira con tristeza ¿Acaso no ve que así abre un poquito más las puertas de mi pequeño abismo interior? Dame la llave para que pueda cerrarlo, rezo en el silencio de mis lágrimas.

- Sabes que te quiero Mália, eres mi hermana y siempre estaré a tu lado. Quiero lo mejor para ti, y me duele que estés tirando tu vida, y de que hagas como si no hubiera pasado nada entre Luis y tu.

El Dr. Sugrañes lleva años intentando hacerte volver a la realidad, él ha sido el que se ha ocupado de ti, nos ha aconsejado no revelarte nada de tu enfermedad, pues eso podría ahondar más en tus alucinaciones, y meterte de lleno en ese falso mundo que tú misma creas, y crees. En 3 años que llevamos no has avanzado nada, así que por eso me he decido a dar el paso, a arriesgarme pensando que te voy a hacer un bien.

Sí Mália, estás enferma desde el 23 de noviembre del 2007, el mismo día en que Luis te dejó, se fue de casa, y nunca más se ha sabido de él. Ese día perdiste tu frágil cordura, y desde entonces , hace 3 años ya de eso, estas en la clínica psiquiátrica privada del Dr. Sugrañes, todos los días vamos a visitarte, siempre hay alguien de la familia a tu lado, esperando que por fin salgas de la oscuridad en que te encuentras, quizás si te lo repito cada vez que vengo a verte, poco a poco la verdad se abrirá paso ante la locura que cierra tu mente, y por fin podamos tenerte de nuevo entre nosotros. - Claudia calla, y  parece que se haya quitado un peso de encima mientras hablaba, y ahora ese peso lo cargo yo.

El mundo se para, la vida deja de tener sentido, noto como cada gota de mi sangre avanza por las arterias, corriendo por llegar una vez más al corazón por si acaso esta es la última, y Clau no se da cuenta de que estoy a su lado muriéndome. Sus palabras son como cuchillas afiladas que atraviesan sin piedad todo mi cuerpo, desmenuzando en jirones todo mi mundo, y siento miedo, miedo a que sea cierto y sea yo la que vive de fantasías. No es posible, Luis no puede haberse marchado, lo veo todos los días, todas las mañanas veo como se levanta y se va a trabajar, y vivo en casa, no en un psiquiátrico ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡NO PUEDE SER!

- ¿Como pretendes que te crea? ¿Acaso tú lo harías? - Nos miramos sin saber que decirnos, se ha abierto una grieta entre las dos, y no hay forma de cerrarla.

Una vez más, sabía que no me creerías. -  tras un minuto sin decir nada se acerca, me da un beso, y se marcha. Me deja sola en el parque, y me siento sola en la vida.

Todo me da vueltas, me quedo sentada pensando en lo que ha pasado, no tiene sentido, Clau nunca me ha mentido ¿Porqué iba inventarse semejante cuento? Quizás deberá haberle hecho entender que estaba equivocada, demostrarle que no tiene razón ¿Pero como? yo no he sabido reaccionar, no he sabido hacerle entender que no estoy loca ¿Acabo de perder a una hermana, o quizás la cabeza? Ya no sé que pensar, ni qué creer.

Me estoy mareando, vuelve con más fuerza el dolor. Tengo que salir de aquí e ir a la farmacia a por mis pastillas. Se me nubla la vista, y las fuerzas me abandonan, ya casi ni veo el lago, el camino está borroso, y los árboles se difuminan en sombras a mi alrededor ¿Que me ocurre? Me he quedado dormida en el parque, con los ojos cerrados soy capaz de ver mi cuerpo tendido entre las hierbas, mientras mi otro yo sube y sube hasta perderse en el vacío de la soledad.

23 de noviembre 2010: Me llamo Claudia, y desde hace 3 años cargo con el  negro pesar de la culpa, el lamento infinito del dolor, y la carga insoportable de vivir una vida que ni yo misma creo que merezca.

Todos cometemos errores, sin duda alguna más de una vez nos hemos arrepentido de algunas de nuestras acciones, y aunque la mayoría de ellas no son mas que obsesiones absurdas, y fijaciones internas a las que solo nosotros le damos importancia, de vez en cuando hay actos que por su propia naturaleza deberían condenar eternamente el alma, y así me siento yo, condenada por dentro.

Estoy en la sala de espera del Dr. Sugrañes, director medico de la clínica psiquiatrita de su mismo nombre. Mientras espero no hago mas que recordar y recordar...

Mis demonios interiores se cobraron pieza el día que mi corazón se enamoró, un amor no correspondido y con un destino fatal para quien de verdad mas quiero, todo ello sin tener conciencia ni querer provocarlo, si, pero con el sello inequívoco de la más baja calidad humana por mi parte.

El 13 de Septiembre del 2007 fue mi cumpleaños, y como cada año llegué sola a ésa fecha, mi vida sentimental era y es casi inexistente, mi familia y unos pocos amigos que aun conservo desde niña son las únicas personas que al parecer se dan cuenta de que existo y llaman para felicitarme.

Luis y Mália, fueron los primeros en llamar, quedamos para ir a cenar el sábado y así celebrar que dejaba de ser una veinteañera, y me unía a su club de los treinta, Claudia me dijo que Luis había invitado a un amigo, y que sería una cena en parejas y eso me dio miedo, los hombres no suelen hacerme mucho caso, me siento apartada, y eso me duele.

Así fue como conocí a Sergio, y mis hormonas se revelaron nada mas verle, moreno, con unos ojos azules que llenaron los míos con su luz, me hablaba y me hacía sentir única, me hizo pensar que aquel intenso brillo de sus ojos podría iluminar el resto de mi vida siempre que estuviera a mi lado, me enamoré perdidamente de él en ese primer encuentro.

Volvimos a vernos el fin de semana siguiente, esta vez solos, yo creí comprender cada uno de sus gestos, cada vez que se acercaba, y me rozaba, pensaba que era una invitación velada para que ocurriera algo más, pensé que todo iba bien, por fin me sentía feliz con alguien a mi lado, y él también parecía estarlo.

Quería compartir mi felicidad con el mundo, pero sobre todo con Luis y Mália, sin ellos no habría conocido a Sergio. Quedemos los 4 de nuevo para cenar en mi casa, y así de paso tenía una excusa inofensiva para que Sergio viniera a ella, se quedase a dormir, y tenerle para mí toda la noche.

La  cena empezó bien, mis tortellini a la boloñesa nunca me habían fallado, el lambrusco subió el tono de las conversaciones, muchas risas y muy buen ambiente, sobre todo después de que Sergio abriera la botella que había traído de limoncello, y que ya iba por la mitad.

Mália se ofreció para fregar los platos, y Sergio para ayudarle, Luis y yo nos quedemos en el salón vigilando los chupitos por si escapaban. Un  mal presentimiento empezó latir dentro de mi, Luis no dejaba de hablar del viaje que quería regalar a Mália por su segundo año de casados, yo no podía concentrarme en lo que me decía, en vez de eso no dejaba de darle vueltas a los pequeños detalles de ésa noche, tenía la impresión de que Sergio se reía más con lo que decía Mália, estaba más atento a sus palabras que a las mías, y Mália esquivaba las miradas de Sergio, incluso la mía... Será el alcohol pensé, y volviendo a la realidad le dije a Luis que la llevara a Egipto, que a Mália le encantaría ir allí.

La noche se cerraba, y por fin estábamos solos, Sergio se acercó por detrás, pasó sus brazos alrededor de mi  cintura y apretándome contra su cuerpo me susurró al oído: "Me muero por saber que sabor esconde tu piel, deseo recorrer todo tu cuerpo, encontrar los caminos que te den más placer, y saborear hasta la última gota de tu miel..." luego me dio la vuelta, rozó con sus labios los míos, me beso muy despacito, casi con miedo, me miró a los ojos y vi. en ellos el cielo, me desvistió sin prisas, con mucha calma, llenando los huecos del silencio con besos y caricias, yo ya era totalmente suya, me tenía atrapada entre el deseo y la más ardiente de las lujurias.

Nos amamos, toda la noche, y al despertar sentí que mi corazón se había quedado pequeño, pues ya no cabía en él más amor. Sergio dormía, y yo miraba, su cuerpo semidesnudo envuelto entre el revoltijo de sabanas, me tenía hipnotizada. Pensé que por fin mis sueños se habían cumplido, estaba enamorada.

Pasaron varias semanas y yo seguía en mi nube de felicidad y satisfacción plena. Sergio pasaba mas noches en mi piso que en el suyo,  así que le propuse que se instalara conmigo, mi piso es más grande y yo estaba encantada de tenerle siempre a mi lado, me dijo que si, que le parecía muy buena la idea. Era como estar en una luna de miel.

Una noche mientras veíamos una película muy mala, me quedé medio dormida en el sofá, al rato me desperté y Sergio no estaba, fui al baño para cepillarme los dientes e ir a dormir, supuse que Sergio estaría allí así que le diría que le esperaba en la cama si es que quería seguir viendo la película.

Cuando llegué al baño Sergio estaba dentro con la puerta cerrada y hablando por teléfono con alguien, hablaba muy bajito, casi no se oía, intente oír lo que decía, pero no pude escuchar nada.

Volví al sofá, a fingir que seguía dormida, no sabía que pensar, los celos me comían las entrañas, pero... ¿Y si tan solo quería darme una sorpresa? Quizás una fiesta, o un viaje como Luis pretendía hacer con Mália, la mente me iba a mil por hora, decidí que esa noche mientras dormía le miraría el móvil, para quedarme tranquila.

Y así lo hice, esperé a que estuviera profundamente dormido, cogí su móvil de la mesita, me fui al baño y allí empecé a investigar. La última llamada que había realizado era a Mália, me sorprendió un poco que no fuera a Luis, si quería un cómplice para darme una sorpresa, mejor un amigo que conoces de toda la vida, que no la mujer de un amigo a la que apenas has tratado. Ya que estaba le miré los mensajes, y los dos últimos también eran para Mália.

"Ayer no pude ir, pero hoy a las tres y media nos podemos ver en el bar de la esquina de mi trabajo" eso es lo que decía el primer mensaje. Sigo leyendo. En el segundo mensaje decía: "¿Estás segura que tu marido se va el lunes de viaje? Necesito verte, necesito tenerte otra vez... no me hagas esperar hasta el lunes..."

Y fue así, sentada en la taza del inodoro, donde se me rompió el corazón, sentí como iban cayendo los trozos desechos que componían mi felicidad, desnudando y deshaciendo la persona que creía ser, hundiéndose mi nuevo mundo en un abismo de rabia, celos, y clamor de venganza. Me sentí utilizada, engañada y menospreciada.

Lloré, dejé que saliera todo el sufrimiento que me roía la razón, como una sucia rata a la que nadie quiere y que rebusca en la basura algo que roer, así estaba, planeando como hacérselo pagar a los dos, de él lo podría entender, pero de ella no, de ella nunca, y por eso jamás se lo perdonaría. Esa noche no pude dormir, me quedé en el sofá decidiendo qué haría...

Me fui a trabajar antes de hora, sin despedirme de él, le dejé el móvil en la mesita para que no sospechara nada, y desde allí llamé a Luis, le dije que tenía que hablar con él, a solas, sin mi "querida" Mália delante. Quedemos ésa misma tarde en la salida de su trabajo, lo esperé en la puerta, nos subimos a su coche, le dije que lo que iba a oír no le gustaría, y que me tenía que prometer que me ayudaría a solucionar de la mejor manera posible nuestra situación, Luis me miraba con curiosidad pero temiendo que me hubiera vuelto loca, pobrecillo, no sabía lo que le esperaba.

Comencé por contarle mis sospechas de la cena,  Luis prestaba atención pero en su cara se reflejaba incredulidad, seguí y le conté lo de los mensajes, ahí sí que le cambió la cara, aun así, no quería creérselo, y yo no tenía mas que mi palabra. Le dije que hiciéramos una prueba, cuando llegara a casa comprobara el teléfono de Mália, y en caso de no hallar nada porque hubiera borrado el rastro ya pensaríamos que hacer, y con lagrimas de rabia y tristeza en los ojos lo mire pidiéndole ayuda, no podía abandonarme en este momento de fragilidad.

Arrancó el coche, estuvo callado durante todo el camino a mi piso, me dejó en la puerta del edificio donde vivo, y sin decirme nada se fue, se fue y aun no ha vuelto...

Como ya había dicho, ya han pasado 3 años desde entonces, estoy en la sala de espera del Dr. Sugrañes recordando todo lo que pasó, María, la secretaria del Dr. Me saca de mis pensamientos.

- Ya puedes pasar Claudia, el Dr. Sugrañes te espera. -  Le doy las gracias y entro.

Hoy me ha tocado a mi la visita, y según las normas de la clínica  hay que hacer una evaluación paciente-familiar para ver si hay algún progreso, estudiar las posibles causas del trastorno, y así  evaluar la forma más efectiva de tratarlo.

- Buenas tardes Claudia ¿Que tal la visita? - El Dr. Sugrañes, un hombre de unos 50 años, moreno, bajito, con una barba perfectamente cuidada y con sensación de confianza esculpida en su cara amplia y de aspecto familiar, me recibía con la misma frase y cordialidad de siempre...

- Bueno Dr. Sugrañes, hoy se ha alargado un poquito mas de lo habitual, hace ya 3 años que ocurrió todo, y a mi modo de ver, la visita de hoy tenía mas emotividad que otras, vaya una tontería ¿No?

- Para nada es una tontería mi querida Claudia, en psiquiatría cuanta más emotividad puedas reflejar con el paciente, mejor, pues puede causar más respuestas en su psique. Como ya sabes, en estos momentos se encuentra en estado catatónico debido a las crisis de esquizofrenia que sufrió. Axial que todo estimulo externo hará que en su interior ocurran cosas, aunque nosotros no las veamos ni las podamos percibir. Como mucho repetirá una frase, o un gesto que haga, eso es una muy buena señal.

Pero sigue contando, tenemos que evaluar la visita y para ello es necesario saber todos y cada uno de los detalles. Ya sabes el procedimiento, no te detengas, luego ya podremos debatir sobre una cosa u otra.

- Muy bien Dr. Sugrañes, comencemos pues:

Cuando he llegado a su habitación parecía que dormía, me he acercado y le he dado un beso, y ha abierto los ojos en ese preciso instante, he querido creer que ha notado mi presencia, y me he alegrado un montón por ello, así que he estado hablándole sin parar, mientras le cambiaba el pijama, le ponía la bata, incluso cuando le daba de comer, pero nada, como siempre parece que no hay nadie al otro lado del espejo.

Luego he llamado al celador para que me ayudara, para mi es tarea imposible que se siente en la silla de ruedas, le he puesto las zapatillas y nos hemos ido al jardín de atrás, y allí junto a la fuente  hemos pasado buena parte de la tarde. Todo seguía igual que siempre, sin expresión, sin una mirada mas profunda o intensa que la otra, un ser totalmente vacío he llegado a pensar.

Le he hablado de toda la familia, y no he notado ningún cambio, de cuanto se le hecha de menos, y luego me he acordado del incidente, por más que lo reprimo, siempre me viene a la cabeza, y se lo he estado recordando, la verdad es que quizás me haya excedido, me he sentido culpable por ello. Me he puesto a llorar y a pedirle perdón mientras le daba un abrazo, todo ha sido por mi culpa le decía, y así hemos estado un buen rato, y cuando iba a llevarle de nuevo a su cuarto, he visto que una pequeña lágrima le resbalaba por la mejilla, he pensado que sería parte de las mías, pero no, era suya, ¡Era suya!

Me he alegrado tanto que le he dado un beso y he ido a llamar al celador para que lo llevara a su cuarto, yo estaba tan nerviosa que me fallaban las fuerzas. Tenía que venir aquí a contárselo porque no podía esperar. Cuando he vuelto con el celador, se había caído de la silla y parecía que dormitaba. Me he asustado muchísimo, me he temido lo peor, por un momento he llago a creer que esa lágrima había sido su ultimo acto de humanidad. Pero gracias a dios sólo ha sido un susto, tan solo se ha desmayado, y ahora ya esta en su cuarto esperando que amanezca un nuevo día.

Así ha transcurrido la visita Dr.

- ¡Que gran noticia! parece que vamos por buen camino Claudia, es la primera vez en 3 años que demuestra algún tipo de afecto o empatía, sin duda hay que celebrarlo... pero... en caso de recuperación total. ¿Estarías preparada para el juicio y la posible condena?

- Lo se Dr... Es algo que he pensado mucho, y creo que sería mejor para todos que saliera de aquí, aunque su destino fuese la cárcel. Claro está que la esquizofrenia y sus crisis  fue lo que le hizo hacer aquello, después de eso entró en estado catatónico y ahí sigue de momento. Así que, sí, creo que estoy más que preparada, mejor sufrir una vida, que una vida sin vida...

- No te confundas Claudia, sin lugar a dudas fue una crisis esquizofrénica la que hizo que acabara en esta clínica, pero fueron los celos los que iniciaron todo esto.

Tu Hermano Luis, mató a su mujer Malia y a su amante Sergio, a él le pego dos tiros nada mas entrar en la casa, su casa, y el dormitorio que tantas noches habían compartido, a ella la mato con el reloj de la mesita, le dio un golpe tan fuerte con el, que le partió el parietal derecho causándole la muerte cerebral al instante, luego se sentó en la cocina, preparó dos cafés con leche y ahí se quedó hasta hoy día. El hecho de que llevara el arma será lo que haga que lo metan en la cárcel, fue totalmente premeditado, y no se podrían usar como atenuante las crisis esquizofrénicas que a la postre lo han dejado tal y como esta ahora.


- Lo sé Dr. - le digo mientras pienso que por mi culpa Sergio y Mália están muertos, Luis encarcelado en su propia cabeza, y todo por mi culpa, todo por culpa de no querer perder a Sergio...

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Para aquellos a los que les resulta molesto leer en la pantalla del ordenador, he creado este apartado, donde estarán todos los relatos que se publiquen en este blog en formato EPUB, FB2, MOBI  y PDF.

 - RELATO 1 - CELSIUS








CAPÍTULO I


La lata estaba oxidada. Eso en el mejor de los casos. Rozaba la desintegración. Pero era pieza de estudio. El ciclo de descomposición del aluminio era de gran ayuda para conocer la evolución del nivel de radiación. Cogerla no era fácil. Las pinzas que había suministrado el laboratorio eran frágiles, y estaban también oxidadas del contacto con el exterior. Y había que tener mucho cuidado. Porque la pieza de estudio, para que fuera válida, tenía que estar libre de residuos. Es decir, no podía llegar manchada de arena, ni de tierra ni nada. Y esta pieza parecía limpia. “Una potencial muestra de laboratorio, verás como se alegran cuando vean esto” se dijo para sí.

Eva era muy buena en su trabajo. Casi ninguna pieza se le resistía, y eso que con el traje antirradiación, la libertad de movimientos era casi nula. Pero su pulso era excelente. Le venía de familia. Su abuelo era cirujano, y de los buenos. Y su padre lo fue hasta aquél día…

Después de media hora, consiguió meter la lata en la bolsa de plástico que llevaba en el bolsillo. Sudaba considerablemente. No solo por el esfuerzo que le había supuesto recoger la pieza, si no también por el traje, que no expulsaba el exceso de energía liberado por el cuerpo (hacía la función de una manta, a nivel práctico). Satisfecha, cogió la bolsa y se dirigió a la Ciudad Base.

No le costó llegar, se sabía el camino de memoria (esa fue parte de su preparación). Una vez allí, se dirigió a la puerta de entrada. La puerta de entrada era una placa de ultramirita (el mineral que se descubrió cuando la primera máquina llegó al centro la tierra, hace ya unos cuantos años). La ultramirita era más dura e irrompible que el acero, y a la vez, era más maleable. Eso le convirtió en el “mineral estrella” de la población. No había cosa que no estuviese hecha de ese  material. Cuando se acercó a la puerta, un haz de luz iluminó su pupila, y la pantalla de color verde indicó:

Exploradora H127. Eva Moreno. Buenas tardes. Proceda al protocolo de entrada.”

Eva se sabía de memoria el protocolo de entrada. Incluso lo hacía de manera automática. Antes de pasar por la primera puerta, se debía depositar en un contenedor la bolsa con el material encontrado. Ya se encargarían de hacerle pasar por los controles pertinentes. Para eso eran los robots que estaban a cada lado del citado contenedor. Una vez se entraba por la primera puerta a la primera habitación, se debía esperar a que unos chorros desinfectasen el habitáculo debidamente. Los chorros duraban alrededor de un minuto. Entonces se abría la puerta de la derecha. Al entrar allí, los agujeros de la pared emitían un gas que eliminaba cualquier partícula radiactiva restante. Este procedimiento conllevaba unos 3 o 4 minutos. Una vez la habitación había quedado libre de gas, se abría la puerta de la parte posterior. Allí, en un habitáculo pequeño, como los anteriores, había que esperar a que la habitación se acondicionase a la vida humana. Una vez acondicionado, se encendía una luz verde en la pared, y se procedía a quitarse el traje antirradiación. Para ello, en la parte derecha había un botón de color morado. Inmediatamente asomaba un cilindro metálico con una percha incorporada, todo ello, claro, totalmente automatizado. Entonces Eva se quedaba solamente con un traje de neopreno muy ajustado que odiaba y que la marcaba todos los defectos. “Me ha salido algo de tripa, la edad no perdona”. Y así terminaba el protocolo de entrada. Ahora ya se podía acceder al vestuario principal, donde cada explorador tenía su taquilla para guardar sus enseres.

Una vez en el vestuario principal, Eva se relajó. “Ya no hay peligro. Aquí estoy a salvo.”. Mientras tarareaba una canción irreconocible, se dirigió hacia su taquilla personal. La número H 127. La segunda de arriba desde la izquierda. La conocía de sobra. El lector de iris volvió a realizar su trabajo:

Exploradora H127. Eva Moreno. Buenas tardes. Que tenga un buen día”

Se puso su ropa (una camisa blanca y unos pantalones de tela grises), y se dirigió al hall principal de la Ciudad Base.

Era difícil de explicar la sensación que le albergaba cada vez que pisaba aquel suelo. En realidad, aquella era “su casa”. La estructura, blanca absoluta (para ser totalmente impermeable a cualquier rayo de sol), carecía de ventanas. Tan solo las escaleras hacían parecer a aquella estructura un edificio. El hall, más grande que un campo de fútbol, se encontraba bastante concurrido. Era el paso común entre todos los departamentos. Era la columna vertebral de todo el edificio.

 A la derecha se encontraba el DIME - Departamento de Investigación del Medio Exterior (departamento al que pertenecía Eva en calidad de exploradora), el Departamento de Mejora (donde se investigaba cómo mejorar las condiciones de vida de los individuos dentro de la Ciudad Base), el Departamento de Fabricación (donde se fabricaban alguna de las pocas cosas que se podían fabricar, como pan, cerveza, útiles y herramientas…), el Departamento de Alimentos (donde se cultivaban de manera artificial los alimentos que iban a ser consumidos posteriormente por los habitantes de la Ciudad Base) y el Departamento de Domótica.

A la izquierda estaban los Departamentos de Servicios (el Departamento de Medicina, el Departamento de Poli-bomberos, el Departamento de Educación, el Departamento Judicial y el Departamento del Comercio y el Departamento de Otros Servicios, un verdadero cajón de sastre donde entraba todo lo que no entraba en los Departamentos anteriores).

En la parte alta del edificio, debajo de la cúpula, se encontraba el Consejo de Sabios (lo que en una democracia se llamaría el equipo de gobierno). Ellos eran los que tomaban las decisiones importantes, y los que tenían la última palabra.

Los pisos inferiores los componían las habitaciones y demás complejos (baños comunes, zona de comedor, zona recreativa…) creados para satisfaces las necesidades básicas de los individuos.

“Al final nos hemos organizado bien” se decía Eva cada vez que contemplaba la enorme ciudad (si se le podía llamar así) que se asomaba ante sus ojos. La verdad es que la había costado adaptarse en un principio. Tanta norma nueva, tanto protocolo… Las cosas habían cambiado irremediablemente, y si se quería sobrevivir, se tenían que tomar ciertas medidas. Tampoco se había planteado si eran las más adecuadas. Lo importante era que todos seguían vivos. Que podían contarlo.

Estaba exhausta. El esfuerzo de recoger la lata, le había dejado con la energía bajo mínimos. Necesitaba comer algo. Pero tendría que esperar. Uno de las normas más rigurosas de la Ciudad Base era el horario de comida. Se desayunaba de 7 a 8:30, se comía de 13 a 14:30 y se cenaba de 20 a 21:30. A las 22:30 todo el mundo tenía que estar en la cama metido. Eran las normas, y había que cumplirlas. Nadie las discutía, nadie las ponía en cuestión. Se necesitaba una rutina para sentirse vivos y las normas les hacía una auténtica comunidad.

Todavía eran las 19h. Todavía tenía una hora para descansar. Se dirigió a su “casa”. En realidad era su habitáculo. Era una habitación que compartía con el que se supone era su “pareja”. Ella no lo entendía así. Era un chico con el que le metieron en una habitación y con quien le obligaron a reproducirse. Sus RH eran compatibles, por lo que sencillamente un médico decidió que debían ser “pareja”. Ellos no tuvieron ni voz ni voto en ese asunto.

La reproducción no era al uso, no era “física”. Era por laboratorio. No estaba permitido el sexo. Incluso la palabra había desaparecido en el vocabulario de la gente. Las nuevas generaciones ni siquiera la conocían. No se permitía el contacto físico entre los individuos. La razón por la cual no se permitía la reproducción natural era que los individuos de primera generación (los creadores de la ciudad base y los primeros en poblarla), todavía contenían en su cuerpo ciertos niveles de radiación. Y se corría el riesgo de que el hijo/hija saliera con pequeñas mutaciones o pequeñas deficiencias. Y una comunidad tan pequeña y perfecta como esa, no se podía permitir individuos con defectos. La evolución de los individuos debía ir hacia la perfección. Y solo en el laboratorio se podían crear embriones perfectos. No se dejaba margen de error. Cada individuo de esa comunidad que cumpliese los requisitos, tenía su banco de reproducción. Eva había donado su óvulos y  David (como se llamaba su “pareja”) había donado sus espermatozoides. De esa donación nacería en 6 meses lo que sería su primer “hijo”. Su “hijo” perfecto.

Pero el placer sexual es algo necesario para el ser humano, es una “necesidad básica”. Al principio, varias personas “desaparecieron” por haberse saltado esa norma. Una vez, incluso se tuvo que hacer “desaparecer” a un integrante del Consejo de Sabios. Entonces, ese mismo grupo tomó una decisión cuanto menos acertada: se crearon unos habitáculos unipersonales donde los individuos disponían de las herramientas necesarias para poder satisfacer sus deseos más íntimos. En la zona de hombres, la habitación disponía de una cama pequeña donde yacía una mujer muy similar a la de carne y hueso. Allí yacían con ella, y podían dar rienda suelta a sus instintos más bajos. En la zona de mujeres, la habitación disponía de “pequeñas herramientas” que suponían una ayuda eficaz para calmar la pasión de las mujeres (vibradores, consoladores y otros artilugios a los que Eva aún no había encontrado utilidad ninguna). Se habían acostumbrado a hacerlo así. Era la norma.

Cuando llegó a su habitación, David se encontraba leyendo un libro (los libros de antes de la catástrofe no estaban permitidos, todos fueron eliminados concienzudamente). Era un libro de domótica. David trabaja en ese Departamento. Él se encargaba del mantenimiento de los robots del comedor. Ese era su trabajo.

David era un buen chico. Era más joven que Eva. Eva tenía 32 años, David 27. Pero era maduro y consecuente, y sobre todo, era buena persona. Su pelo rubio, que en los últimos años se le había oscurecido considerablemente por la falta de luz, combinaba a la perfección con sus ojos marrones con tonalidades verdes. Era alto y de complexión fuerte. Lo que se podía considerar un buen individuo. Se conocieron el día que entraron en esa habitación, sabedores de que debían de ser “pareja” para la comunidad. Al principio, solo intercambiaban un par de palabras al día, pero con el tiempo, fueron adquiriendo cierta complicidad, y se podía decir que Eva le quería. Le había cogido mucho cariño. No estaba enamorada (en esa comunidad ese sentimiento estaba vetado, otra palabra que se perdería con las generaciones), pero le tenía cierto aprecio. Era su “individuo” favorito. Esa era la palabra que se utilizaba para hablar de la “pareja”.

Hablaron de su jornada laboral, de cómo les había ido el día. A Eva se le pasó el tiempo volando, hablar con él le resultaba reconfortante. Cuando volvió a mirar el reloj, era las 20:30. “¡Hora de cenar!” le dijo a David con entusiasmo. Él también tenía hambre, se preguntaba qué tendrían de cenar. “Seguro que un jugoso plato de pasta artificial con tomate de laboratorio”. Bajaron a buen ritmo hacia el comedor, que se encontraba en la planta inferior.

El comedor era inmenso. Nunca se llenaba. Quizás en las celebraciones especiales podía darse un 75% de ocupación. No había individuos suficientes en la Ciudad Base para llenar ese comedor. Nada más entrar por la puerta, había que dirigirse a la derecha, donde se cogía la bandeja que un robot facilitaba. En esa misma zona otros mini-robots se encargaban de que hubiese siempre disponible cucharas, tenedores, cuchillos, pan de laboratorio, platos…David le explicó que el mini-robot de platos andaba un poco perezoso últimamente, y que en la última semana tuvo que hacerle 4 arreglos. A Eva le encantaba que David le explicase con tanto detalle su trabajo. Le mantenía distraída. En la siguiente zona, se encontraba la zona de alimentos. Unas máquinas contenedoras de alimentos se encargaban de dosificar la cantidad necesaria por plato. Cogía tu plato, lo introducía debajo de su dispensador, y expulsaba la ración que tenía programada. Para todos lo mismo. En esa comunidad no había nadie obeso. El exceso de peso se consideraba un defecto, y una traba hacia la perfección. No se podía elegir qué comer. Los nutricionistas eran los que se encargaban del menú. Intentaban ser variados en la elección, pero era difícil. Los alimentos de laboratorio eran limitados, y conseguir la materia prima cada vez resultaba más difícil. Los investigadores estaban estudiando la forma de poder producir ellos mismos la materia prima, pero se les estaba complicando.

Ese día había sopa de pasta con aroma de verdura, y sucedáneo de pescado de segundo. El postre ese día era especialmente suculento. Tarta de chocolate de laboratorio. Aunque no sabía igual que el que recordaba haber tomado antes de la catástrofe, aquella tarta era una de las comidas preferidas de Eva. Se le iluminaron las pupilas cuando al fin pudo coger el tenedor para empezar a trocear aquel manjar.

Todavía no había terminado de comerla cuando dos Poli-Bomberos le agarraron del brazo.

Acompáñenos por favor – le dijo amablemente uno de ellos.

¿Cómo? ¿Qué pasa? – les dijo extrañada.- Yo no he hecho nada.

Los Poli-Bomberos eran los que se encargaban de hacer cumplir la ley. Si alguien se saltaba alguna norma, los compañeros del Departamento encargados de vigilar las cámaras avisaban a los que iban a pie. Éstos detenían al infractor y se sometía al individuo a un interrogatorio. Si la falta había sido leve, se tomaban medidas leves: se le castigaba un día sin comer, o se le ponía a realizar trabajos sucios y forzosos durante la noche, no pudiendo dormir, o incluso a veces, se podía llegar al castigo físico. Si la falta había sido media, los castigos se endurecían (sin comer durante dos o tres días, o no poder dormir durante dos días, o algún castigo físico más invasivo). Si la falta había sido grave, el individuo era obligado a pasar una semana entera en una especie de agujero cerrado. Porque ni siquiera era una habitación. Era una habitación de 1m de alto, y 2m de fondo. El individuo que tuviera que pasar ahí la semana, no podía levantarse. Solo podía estar o tumbado o reclinado. Era una verdadera tortura.

Una vez, un señor cometió una falta grave (forcejeó cuando los Poli-Bomberos le fueron a detener por pelearse con un compañero), y le metieron en ese habitáculo. Al salir, no se pudo poner en pie. Las piernas le quedaron inutilizadas. Y como no se aceptaban individuos con taras en esa comunidad, se le hizo “desaparecer”.

Las faltas se acumulaban, por lo que había que tener cuidado. Porque 2 faltas leves era una falta media, y 2 faltas medias era una falta grave. Y, a su vez, 2 faltas graves era una falta muy grave. Sobra decir lo que pasaba con las personas amonestadas con una falta muy grave. Sí, se le hacía “desaparecer”.

Eva jamás había sido amonestada desde el momento que se inició la andadura de la Ciudad Base. Era una chica disciplinada, y sabía cuales podían ser las consecuencias de sus actos. Y no quería problemas. Intentaba recordar algo que hubiera podido hacer mal a lo largo del día, pero no se le ocurría nada.

¿De qué se me acusa? – preguntó mientras acompañaba a los guardias hacia su Departamento.

-No se le acusa de nada, señora. – le contestó el guardia.

-¿Entonces, por qué me llevan detenida? – cuestionó contrariada.

- El máximo responsable del Departamento de Investigación desea hablar con usted de manera confidencial. Y para que así sea, se deberá hacer en nuestro Departamento. Se hará a cámara y micrófono cerrado, como bien usted sabe. Y para eso, seremos nosotros quien le conduzcamos hasta tal sala. – le explicó el más alto de los dos.

Eva no entendía nada. ¿Para qué necesitará hablar conmigo de manera confidencial mi responsable? Y sobre todo… ¿Por qué no puede esperar a mañana para decírmelo? Las preguntas se agolpaban en su cabeza. Pero no encontraba respuesta. No de momento.

Los guardias le condujeron hasta el despacho de la confidencialidad. Le registraron en busca de algún dispositivo que pudiera romper tal confidencialidad. Al no encontrar nada, le abrieron la puerta y se quedaron allí mientras ella entraba.

Era una sala negra (a Eva le impactó el color, las paredes de la Ciudad Base eran siempre blancas, o eso había creído ella). Era una sala pequeña, con una mesa, negra también en el centro, con 6 sillas alrededor. Su máximo responsable (al que conocía de vista, de alguna vez que había realizado alguna visita a los exploradores), se encontraba en la silla sentado, de cara a la puerta. Su cara mostraba preocupación, y sus ojos, cierta expectación.

- Buenas tardes Exploradora H127. ¿O prefiere que le llame por su nombre?

- Como usted desee – Eva sabía que ese hombre era muy importante, y no sería ella quien impusiese las reglas.

- Le llamaré Eva entonces. Buenas tardes Eva. Mi nombre es Bax. Le pido disculpas por adelantado por los inconvenientes que le pudiera causar mi pronto requerimiento. Pero le aseguro que el tema a tratar es de vital importancia. De ahí la urgencia en contactar con usted.

- “Pues sí, dejarme a medias en mi tarta de chocolate ha sido una gran inconveniente”- pensó Eva- ¿De qué se trata? – sentía una mezcla de curiosidad y expectación que no podía ocultar. Tenía que ser algo importante. Si no, no se habría tomado tantas molestias aquel señor tan importante.

- Fue usted quién encontró una lata esta tarde en el exterior, ¿verdad? – preguntó con aire misterioso el señor Bax.

- Sí – contestó ella.

- ¿Y no notó nada extraño en ella? – preguntó el responsable.

- No. Era una lata al uso. Quizás de refresco. No lo se. Pero por la forma de descomposición, parecía de aleación de aluminio y acero. – no sabía a donde quería llegar el señor Bax.

- ¿Y no vio nada más que pudiera parecerle sospechoso? – insistió

- No, lo siento. Me pareció una lata normal.

- La lata que ha encontrado esta tarde, ha sido debidamente analizada, y creo, no, puedo asegurarle que el contenido ha sido consumido por un ser humano hace, como mucho, tres meses.

- ¡Pero eso es imposible! – exclamó Eva- ¡Las condiciones del medio exterior son impensables para un ser humano! Con el nivel de radiactividad exterior un ser humano no sobreviviría más de dos días vivo. Es sencillamente imposible. – repitió Eva.

- Lo sabemos. De ahí mi urgencia. No sabemos cómo es posible. Pero le repito. La lata que usted nos ha traído ha sido consumida por un ser humano hace, como mucho, tres meses.- repitió preocupado el señor Bax.

- Eva se sentía mareada. Era imposible. ¿Vida humana ahí fuera en esas condiciones? ¿Cómo podía ser posible? Solo se el ocurría una forma de poder sobrevivir, una forma de no morir ante tan alto nivel de radiación.

-          Mutantes… – masculló Eva.




Habían cambiado mucho las cosas desde que cambiaron de director en el hospital. Mientras que el anterior era bastante conservador, este era muy progresista. Enseguida empezaron a desaparecer máquinas, y a aparecer nuevas. Tampoco es que fuese malo. La verdad es que venía bien renovar la maquinaria de vez en cuando, pero Joaquín sabía por experiencia que eso iba a terminar mal. No se podía gastar tanto dinero en tan poco tiempo. Tarde o temprano le llamarían la atención, y les tocaría a todos apretarse el cinturón. Quien sabe, quizás hasta bajar el sueldo de los profesionales. Y eso era lo último.

Joaquín era cirujano del hospital más importante de Vizcaya. Era de los buenos. En más de una ocasión le habían llamado de otros puntos del país a pedirle asesoramiento. Tenía 15 años de experiencia, y eso hacía mucho. Se había ganado un prestigio en la zona, y no solo porque su padre fuese una de las mayores eminencias en la cirugía coronaria, sino porque él mismo había completado con éxito miles de operaciones pioneras.

A sus 45 años estaba satisfecho con la vida que tenía. Había conseguido una buena vida. Tenía una mujer a la que adoraba, una hija encantadora y disciplinada, y un trabajo donde le admiraban y respetaban. No tenía problemas de dinero, y vivía de manera acomodada. No podía quejarse. Las cosas le iban bien.

Mientras se recreaba en su felicidad, aparcó su coche (su “perla dorada” lo llamaba él) y entró en su casa. No había nadie. Su mujer estaría todavía trabajando, y la hija en la universidad. “Bueno, de vez en cuando un poco de paz no viene mal” se dijo. Se puso el pijama, se tumbó en su sofá y encendió su teleholograma para conocer las últimas noticias.

El científico norteamericano insiste en la necesidad urgente de un plan de ataque para luchar contra el cambio climático.

La última década ha sido la década más seca de la que se tiene constancia. Seca y cálida. Las zonas donde antes nos encontrábamos con temperaturas templadas, ahora son casi desérticas, las zonas donde antes llovía con cierta frecuencia, ahora se han vuelto templadas y secas. Y las zonas donde antes hacía frío y llovía con bastante frecuencia, ahora son más habitables. Este año, 2035, ha sido especialmente acusado ese cambio. La gente lo ha notado. Y lo que verdaderamente me sorprende, es que nadie haya hecho nada al respecto. Porque no es solo el cambio de temperaturas y climas. Estos cambios también suponen más catástrofes naturales y más situaciones climatológicas extremas (recuerden que ya han desparecido varios países por estar causas). Si seguimos así, menos de la mitad de la zona habitable hoy, lo será mañana. Y para cuando actuemos, ya será demasiado tarde.

Joaquín apagó el teleholograma. Ver de manera tan realista las catástrofes naturales, le daba escalofríos. Y sobre todo lo que más miedo le daba era saber que el científico tenía razón.

Él siempre había recordado Bilbao lloviendo. Cuando era pequeño, siempre llevaba un paraguas en la mochila “por si acaso” le decía su madre. Las temperaturas eran soportables. Entre 20 y 30ºC en verano, y entre 10 y 20ºC en invierno. Rara vez la temperaturas bajaban de 10ºC, y rara vez pasaban de 30ºC.

Pero de unos años hasta entonces, la lluvia había cesado considerablemente. Ahora ya no hacía falta llevar siempre un paraguas encima. Es más, el que tenía, estaba viejo y oxidado por la falta de uso. La verdad es que era una gozada. La gente salía más, y él mismo había ido más a la playa y a la montaña. El tiempo siempre acompañaba. Lo malo eran las temperaturas. En invierno andaban entre los 15 y 25ºC.

Las pistas de nieve habían tenido que cerrar, puesto que la nieve había desaparecido. La gente tenía que irse del país si quería esquiar hacia el norte de Europa. Porque en Francia tampoco quedaban ya muchas pistas, y las que quedaban, estaban demasiado llenas, o eran demasiado “exclusivas”. Ya no anunciaban las típicas estampas de navidad con nieve y gorro. Eso ya no era realista. Incluso algunos pasaban el fin de año en la playa, sobre todo el año anterior, que ese día se rondaron los 23 grados. Las empresas de ropa de abrigo sufrieron grandes pérdidas y tuvieron que cerrar. Pero también abrieron otras muchas empresas dedicadas a ropa de verano, al surf y demás deportes acuáticos. Incluso de turismo. Porque el turismo aumentó considerablemente. Las Canarias desaparecieron en el último tsunami importante, y las Baleares se habían convertido en zona desértica. Ahora la costa norte era la moda.

Pero los veranos eran insoportables. Y las primaveras. Y el inicio del otoño. Desde mayo hasta Octubre, difícilmente bajaban de los 25ºC. A veces el calor era tan insoportable, que la gente se metía vestida debajo de las fuentes (con ropa y todo) para refrescarse. Mucha gente moría por insolaciones y deshidratación. Incluso el inventor de la ropa impermeable al calor era bilbaíno. “Como para no, con el calor que hace por aquí en verano” se dijo Joaquín al ver la noticia. La verdad es que el invento había sido todo un éxito. Todas las tiendas tenían una sección con ropa de esa tela. Era el último grito. Además, se podía hacer cualquier prenda con esa tela: pantalones, camisas… Joaquín empezó comprándose (no muy convencido) una camisa así. Y desde el instante que lo compró, se volvió su favorita. Su cuerpo no sudaba, y caminaba mejor y más agusto. Incluso se veía más hábil. No tardó en comprarse pantalones, camisetas, camisas, calcetines… Incluso les compró a su mujer e hija alguna prendilla. Estaba encantado con aquello. “Bilbaíno tenía que ser el inventor” se decía siempre orgulloso.

Sí, las cosas habían cambiado en los últimos tiempos. Cada dos por tres se oían noticias de tsunamis, huracanes, terremotos… Incluso países enteros desaparecidos. La última gran noticia fue que un tsunami podía llegar a alcanzar Irlanda e inundarla. Hubo verdadero pánico. Mucha gente se fue hacia Centroeuropa buscando una salvación. Al final el tsunami solo hizo desaparecer algunos pueblos costeros. La gente pudo volver a sus casas. Pero no sin cierto temor. ¿Pero era realmente tan preocupante? ¿Y si realmente era preocupante, por qué los gobiernos no hacían nada? “Esos vagos corruptos solo saben cobrar comisiones” solía decir su padre.

Mientras paseaba por sus pensamientos, oyó el timbre. La pantalla del teleholograma se encendió y le mostró el rostro de su hija, que esperaba le abriese la puerta. Mientras le abría, le miraba con mucho cariño. Su hija era su máximo orgullo. Desde pequeña fue la mejor de su clase. Era hábil, inteligente, disciplinada… Pero también era buena, cariñosa y se regía por los mismos principios que él. Era adorable. Le encantaba sentarse con ella en el sofá y debatir sobre temas de actualidad. Su hija le daba ese punto de vista siempre fresco y vital. Todavía creía que el mundo podía cambiar. “La juventud… divina juventud” solía decirse él. Ella eligió ser cirujano como él. Y estaba terminando de estudiar la carrera de medicina para poder especializarse. Tenía talento. Tenía un pulso perfecto. “Le viene de genética” pensó Joaquín. Le adoraba. Era su ojo derecho y su ojo izquierdo. Su niña mimada.

- Hola, Papá. ¿Qué tal el día? – lo dijo con mucho entusiasmo. Seguro que le había pasado algo bueno.

- Hola Eva. Pues bien, todo bien. Con esta camisa ya sabes… Como una rosa. ¿Y tu qué tal? ¿Qué tal el día? ¿Ha ido todo bien? – le encantaba verla tan sonriente.

- ¡¡Muy bien Papá!! ¡Ha sido un día increíble! ¡Me han propuesto para una beca en el hospital que trabajas tú! Sería fantástico. ¿Te imaginas? Tú y yo en el mismo hospital. Les he preguntado si habría algún destino específico, y me contestaron que no. Que me dejaban elegir especialidad. ¡Papá! Eso significa que podría ser tu becaria. ¿Te imaginas? ¡Ser tu ayudante! Me gustaría tanto…- se mostraba eufórica, contenta. Incluso juraría que vio en sus ojos una lágrima de alegría.

- ¿Pero estás segura de que te dan la Beca? – no quería hacerse falsas esperanzas.

- ¡Sí! Me lo ha dicho mi tutor esta mañana. Incluso he salido en las listas oficiales. ¡No es fantástico!

- Pues sí, sí que lo es. Pero te aviso. Seré inflexible contigo. No seré más suave porque seas mi hija. Quiero que seas la mejor cirujana del país, y para eso necesitarás una formación dura, severa y constante. – intentaba mostrarse serio e inflexible, pero por dentro sentía unas ganas inmensas de abrazarla, besarla, y decirla que bajos sus brazos, le convertiría en una gran cirujana. Se sentía tan orgulloso…

Como si le leyera el pensamiento, su hija fue derecha a abrazarlo. Lo apretó con tanta fuerza, que le pareció oír un crujido en las costillas. No pudo más que devolverle ese efusivo abrazo. Le quería tanto…


Mientras Joaquín abrazaba con amor a su hija, John Fisher, el presidente de Unieuropa (fue el nombre que adoptaron los países europeos cuando de juntaron en 2025 para crear un único país) recibía en su mesa un informe  en el que se podía leer la palabra ultrasecreto.

Desde que desaparecieron varios estados de los EEUU a causa de los tsunamis y huracanes, aquella zona había resultado más bien inhóspita para el ser humano, y mucha gente se vino a vivir a Europa. Aquello hizo nuestro continente fuerte y poderoso, y al juntarse todos los estados miembros de la antigua Unión Europea, aquel poder aumentó aún más.

John había salido elegido presidente hacía un año, por lo que era más bien inexperto en su cargo. Pero a su lado tenía a los mejores asesores del mundo. Con ellos, nada podía salir mal. Tenía en su cúpula a los mejores en cada campo: el mejor astrónomo, el mejor médico… Pero claro, sus decisiones tenían mucha influencia en el mundo. Por ello, necesitaba solo a los mejores.

Cogió la carpeta entre las manos, y se echó atrás en su silla relax. Seguro que lo que hubiese en esa carpeta sería trascendente e importante, por lo que hacía falta estar en buena posición, para que su salud no mermara (así se lo había recomendado su médico personal, un grandísimo profesional, por cierto).

La abrió y leyó el contenido. Según iba leyendo, su cara se iba blanqueando más y más. No podía creer lo que estaba leyendo. Era imposible. No, no podía ser verdad. Volvió a leerlo, por si lo hubiese entendido mal. Pero no. Estaba claramente explicada la situación. Había que hacer algo. Y había que hacer algo ya. Antes de que fuera demasiado tarde.

Se levantó rápidamente de su asiento (incluso sintió un leve mareo por el esfuerzo), y se dirigió a la mesa de su secretaria, que estaba al lado de la puerta de su despacho.

-          Llame inmediatamente a todos mis asesores. Los quiero ver a todos en menos de tres horas reunidos en mi despacho. – dijo con determinación y urgencia.

Su secretaría no pudo disimular una expresión de sorpresa “¿Por qué tanta prisa? ¿Y por qué a todos?”.

-          ¿Pero necesita a todos sus asesores? Piense que alguno pueda estar en alguna conferencia en la otra punta del mundo – explicó su secretaria

-          No me importa donde estén. Los quiero a todos aquí y en menos de 3 horas. Dígales que soy inflexible en ese punto. Los necesito a todos aquí, y los necesito hoy mismo. Así que deje de mirarme con esa cara, y póngase inmediatamente a llamarles.

Había sido demasiado brusco con ella. Lo sabía. Pero era la única manera de que lo tomara en serio. El tema era demasiado importante, y requería una pronta solución.

Entró a su despacho nervioso,  se sentó en su silla de oficina, y se giró hacia la ventana, desde donde podía ver toda la ciudad que se alzaba ante él. No podía hacer otra cosa. De momento, solo quedaba esperar.

En la mesa de su despacho, la carpeta se encontraba mal cerrada, por lo que se podía ver un folio que sobresalía de un costado.  Solo se podían leer 8 palabras:  …”y eso supondrá la extinción del ser humano en la tierra.”


Continuará…

RELATO 1- CELSIUS


CAPÍTULO I

CAPÍTULO II

CAPÍTULO III