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miércoles, 2 de mayo de 2012

ÍNDICE DE RELATOS



RELATO 1 - CELSIUS


  • CAPÍTULO II

  • CAPÍTULO III


RELATO 2 - TDS PTS (BY LORDSADE)


RELATO 3- VENGANZA FINAL


RELATO 4 - EL PRECIO DE LA EVOLUCIÓN

EL PRECIO DE LA EVOLUCIÓN (by Angus2)

Primavera del año 2035
Tenía la cabeza a punto de reventar. Las ventosas que le habían puesto le estaban dejando exhausto. Mientras intentaba mantenerse consciente, una máquina iba recogiendo y analizando los datos obtenidos. El médico sujetaba una pantalla de grafeno donde se iban volcando los datos que se iban analizando. Se movía inquieto por toda la habitación, una habitación blanca, aséptica e impersonal. Su mascarilla profesional se inflaba y desinflaba en un movimiento irregular, como si se encontrara nervioso o le faltara oxígeno.  De repente, como si hubiese visto algo fuera de lo normal, abrió los ojos de par en par  y se dirigió a coger el teléfono que tenía al lado de la puerta.
-          Haga venir al Doctor Lobo ahora mismo. Es importante – ordenó
 Neo se sintió sorprendido por el tono que había utilizado. Lobo era el médico-jefe de la planta, y desde luego que no era “correcto” hablar de esa manera tan impositiva a alguien de un rango tan superior.
El Doctor Lobo no tardó mucho en entrar. Llevaba el traje aséptico, por lo que Neo dedujo que estaría trabajando en el momento en el que le llamaron. Tanto el médico como él cruzaron una mirada de preocupación cuando vieron lo que reflejaba la pantalla.

Inmediatamente los ojos de los dos médicos se clavaron en el paciente.

 
Primavera del año 2030
Elantris estaba sudando por las contracciones del embarazo que cada vez eran más frecuentes e intensas. El médico le había aclarado que no tenía de qué preocuparse, y que solamente debía de empezar a pensar en el parto si las contracciones se daban con una diferencia de tiempo menor de 10 minutos. Miró el reloj. Habían pasado 12 minutos desde que empezara la anterior. Cada vez estaba más cerca el momento.
No pudo evitar sentir un escalofrío al volver a pensar en la criatura que llevaba dentro. ¿Cómo sería? Ni siquiera sabía el sexo de lo que llevaba dentro. Por más que se había esforzado en pensar que era un simple experimento, no había conseguido vencer a la biología y sentía un sentido de la protección infinito. Llevaba ya un tiempo pensando en las posibilidades que se le planteaban una vez hubiese nacido el niño o la niña. Ellos le daban 6 meses para que lo amamantase y con ello pudiese desarrollarse debidamente. Inmediatamente después se lo llevarían al departamento de Investigación y le tendrían confinado en un laboratorio “por la propia seguridad del estado”. Era la primera vez que se creaba un ser Transhumano desde el principio. El primer bebé Transhumano. Y no se sabía muy bien exactamente cuáles serían sus elementos evolutivos mejorados.
Los altos mandos de los países más poderosos del mundo consideraban que la era del Posthumano estaba cerca, y un Transhumano no era más que una raza transitoria entre el humano al uso y el posthumano, una raza futura dentro de la especie humana capaz de superar sus limitaciones intelectuales y físicas mediante el control tecnológico de su propia evolución biológica.
El primer país que consiguiese crear una vida transhumana se aseguraría el poder mundial, puesto que no solo un ejército de transhumanos sería claramente indestructible, si no que podrían tener humanos diseñados especialmente para cada ciencia (medicina, ingeniería…). Con ello se podría conseguir aumentar la esperanza de vida, y lo que es mejor, la calidad de esa vida. Se podrían diseñar nuevas máquinas más elaboradas que harían la vida más fácil a la población y más poderosos a sus mandatarios.
Recientemente habían realizado pruebas en ratas, consiguiendo unos resultados espectaculares en todos los casos, por lo que se animaron a dar el salto a la especie dominante en la tierra: el ser humano.
Para crear aquella criatura hacía falta la “materia prima”. En este caso, esperma y un óvulo en el que fecundarlo. Existía la posibilidad de realizar un embarazo “in vitro”, pero las posibilidades de fracaso eran muy altas. Por eso, cuando una investigadora llamada Elantris se ofreció a ser la “conejilla de indias” del experimento, no pudieron cuanto menos alegrarse.
Ella era la candidata ideal. Alta, guapa, inteligente… Sin duda era portadora de genes buenos y fuertes. Y en cuanto al esperma… Ellos ya se habían encargado de recoger los mejores espermas del país. No sólo se aseguraron de que el padre fuese alto, fuerte e inteligente, si no que habían hecho además diversas pruebas con aquellos espermas y sólo seleccionaron el esperma más fuerte.

El embarazo marchaba sobre ruedas. Todo estaba saliendo a la perfección. O eso parecía al menos. Ellos nos podían entrar dentro de la cabeza de Elantris y saber lo que pensaba. Ellos no sabían lo que ella planeaba. Ni siquiera se lo podían imaginar.

Elantris volvió a sentir una punzada en la tripa, esta vez más intenso. Miró el reloj. Habían pasado 8 minutos desde el inicio de la contracción anterior

Había llegado el momento.


Primavera del año 2070
Todo había salido a pedir de boca. Neo se encontraba sentado en su silla presidencial, que todavía no se había adaptado a su forma, pero confiaba hacerla suya pronto. Sobre la mesa, decenas de periódicos llenaban sus portadas con la noticia más importante de los últimos tiempos “Neo, el nuevo transpresidente del mundo”. “El primero en todo”. “Y con el nuevo presidente llega la nueva era” “El salvador gobernará” . Todos se hacían eco del ascenso al poder del primer transhumano que se había creado en la historia.
Su rostro frío e inexpresivo miraba hacia la multitud que lo aclamaba alrededor de su palacio presidencial. Salió al balcón de su despacho, y un rugido intenso se apoderó de la plaza. Todo el mundo coreaba su nombre, había centenas de pancartas con su nombre, con su foto y con su lema, y muchos hombres lloraban al ver “al salvador”. Hizo callar a todo el mundo con la mano. Su poder de convocatoria era extraordinario.
-          Señores y señoras… Niños y ancianos… En esta nueva era todo el mundo tendrá cabida. Hemos sentado las bases para formar un nuevo y esperanzador futuro. Un futuro de paz,…. Igualdad... y armonía. – su voz sonaba grave, cálida pero firme, y acompañaba su discurso con un movimiento de manos calculado, calló unos segundos para que la gente asimilara lo que acababa de decir. No se oía nada a lo largo y ancho de toda la plaza. Todo el mundo callaba y escuchaba a su líder. - Hasta ahora hemos vivido una época oscura, donde la maldad, la avaricia y la ser de poder nos ha llevado a un abismo sin salida. Por eso me crearon. Me crearon para salvaros. Me crearon para ayudar a que evolucionemos hacia un mundo mejor. Y para que, generación tras generación, consigamos ser cada vez mejores hasta llegar a la ansiada perfección. Y esa será mi prioridad. Construir un mundo mejor para nuestro hijos. ¡¡Que así sea!!
Alzó las manos y la gente estalló en un grito sonoro de aceptación, y volvieron a vitorear, a nombrarle… Pero ya había tenido bastante. Había dicho lo que la gente quería oír, y entró al despacho para empezar a trabajar ya como el hombre más poderoso e importante del mundo.
Sabía que era superior. Fue el primer transhumano. El origen. El inicio de todo. Tras él vinieron muchos más. Hasta el punto en el que los transhumanos y los humanos al uso convivían con total normalidad. Incluso existían niños “mestizos”, nacidos de padres de distinta raza.
Pero los humanos eran débiles. Cometían errores, no eran en general inteligentes, y encima amaban. Esa era su mayor lacra. Amaban. Eso les llevaba a cometer verdaderas atrocidades y a no ser consecuentes de sus actos en muchas ocasiones. Amar les hacía débiles.
Y en su mundo planeado, ese mundo que ya tenía perfectamente planeado y diseñado, no tenían cabida seres así, seres inferiores. Si se quería evolucionar a un ser mejor, se tendrían que eliminar las trazas del “inferior”. Selección natural. Y eso es lo que iba a hacer. Desde el principio de la humanidad, siempre había sido así.
Por otro lado, no podía permitirse un genocidio ni nada parecido. Otros mandatarios lo habían intentado en su día, y acabó resultando un fracaso. Una persona no resultaba un peligro para un sistema, pero una raza entera sí. Temía represalias y sabía que las tendría si tomaba parte activa en la desaparición de la raza.
Su plan era mejor. Más inteligente, más al nivel de un transhumano. Hasta ahora todos sus planes habían salido a la perfección. Su madre fue la primera en interponerse en su camino. Se lo llevó recién nacido y le intentó dar una infancia normal. Qué tonta fue. ¡¡Él no era una persona normal!! Era un ser superior.
Sus creadores no tardaron mucho en dar con ellos y en hacerle volver a donde tenía que estar. Su madre luchó por recuperarle, pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. Se volvió loca. Tanto, que llegó a cometer una locura imperdonable. Intentó matar a las madres de la siguiente camada de transhumanos. Aquella bruja… Estuvo a punto de tirar al traste muchísimos años de trabajo constante e intenso. Él mismo se encargó de dar una lección a aquella señora.
Se sentó de nuevo en su silla con el rostro relajado y feliz, pero seguía sintiéndose incómodo todavía. “Compraré otra silla, esta no me gusta” pensó. Se tomó unos minutos de meditación y relax para aclarar un poco las ideas y recordar paso a paso el plan.
Minutos después pulsó con el dedo índice un botón de su reloj.
-          Señor, a su disposición – el rostro bello y dulce de Altrapona apareció en el intercomunicador de su reloj
-          Fase 1 completada con éxito. Proceda con la Fase 2.
-          Sí, señor, así será. ¿Desea alguna cosa más?
-          No, puede retirarse.
-          Gracias, pase una buena tarde.
La pantalla del reloj de apagó y con ella se hizo el silencio en el despacho presidencial. La gente de la plaza se estaría ya dispersando y marchando, se dijo Neo. Ahora podría pensar con más claridad.


Dos horas después y 200 kilómetros más al norte, un transeúnte anónimo depositaba una caja aparentemente cargada de mercancía encima de la transitada acera. Bajo la caja, un millón de nano partículas portadoras del virus selectivo BFH se empezaron a expandirse por el suelo, haciéndose dueñas por segundos de cada centímetro de hormigón que componía aquella acera.
A la par, a un señor se le caía la cartera que acaba de coger al suelo. La recogió rápidamente y la guardó en el bolsillo trasero del pantalón. Después se arrascó el bigote que llevaba a medio afeitar, rozando suavemente sus dedos con el labio superior.
Ya había dado comienzo la selección natural.